Inicios

Amorosos

Cosas que prometo guardar y no olvidar próximamente: La sensación embriagante de su respiración entre el espacio de nuestros besos. Inhalar su calor con el aroma familiar de quien quiere. Sentir un fueguito en el inicio de la garganta y tener la seguridad de que no se acabaría. Esa peculiaridad de que nunca son los mismos movimientos. Su cuerpo caliente, la temperatura rebasándonos. El ambiente frío y afuera los centellos.

El cielo celebraba por nosotros. Iluminaba detrás de las nubes esperando nuestros halagos. Y quizá el temor. Y hacer recordar sueños increíbles.. como que es una especie de fin del mundo, con la excepción del mundo que él y yo construimos, porque allí es más bien un inicio.

El cielo sabe que ahora lo siento, que me hervía la sangre y que por fin lo acepté.

El cielo sabio que sabe de los fuegos de uno.

Sabe de ésta sensación que me rebasa y por supuesto ya predijo lo mucho que me va a enseñar.

Gracias.

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Casi entrañable.

Amargo, Amorosos

Para que ya no queme:

Demasiado ambicioso. Quizá por eso se derrumbó. No se perdió, ni se acabó, no lo agotamos, no lo robaron, no se expuso al descuido o al abandono. Sólo se derrumbó. Como una torre demasiado alta, como una apuesta demasiado pretenciosa.

Tal vez era demasiado grande. No pudimos con eso. Se nos salió de las manitas, nunca lo sabremos. Queda lo que uno infiere y un montonal de tazas de café en el proceso. Esa manera de sobrellevar tanta deducción.

Ojalá en otra vida cumplamos los pendientes. En otro tiempo, con otras ropas, otra mentalidad. O con otras personas. Cuando nos hagamos responsables de lo que provocamos y sentimos. También de los rastros que dejamos.

“Entrañable: adjetivo que refiere a aquél o aquello que resulta muy afectuoso o intimo, que es profundo”. Casi, pero al parecer no.

Ahora: desplantes y desdén a su imagen. Por mi bien.

Otra forma.

Amargo, Amorosos, Valentía

Estuve pensándolo todo el rato, mientras caminaba sobre reforma, mientras veía las formas de las personas a mi lado, mientras escuchaba la conversación de mi hermana.

Estuve sintiéndolo en todo momento, cuando rozaron mi brazo en el bus, cuando transitaba las calles que volvimos nuestras algunas noches.

Lo decidí minutos antes de iniciar con éstas lineas. Pensé en todos los textos que hablan sobre cuando fuerzas las cosas y cuando las sueltas. Qué difícil para uno que se aferra tanto a los ambientes predestinados. Qué complicada la imposibilidad. Qué arriesgado entregarse y olvidar un rato el miedo, las perras dudas.

Me duele sí, pero me recuperaré el tiempo equivalente al que estuvimos juntos (si es que puedo llamarlo así). Me pasa cada determinado tiempo, no quería aceptarlo porque sería recaer en la misma chingadera y yo había jurado que mis acciones ya no iban en ese sentido.

He decidido dejarte. Dejar los planes. Dejar el tiempo que te guardaba anticipadamente. Dejar mi romanticismo de secundaria. Dejar tu imagen con lo demás, lo que se agradece.

Sé exactamente cada cosa que me dejaste y cómo ayudo a mi bienestar. Jamás lo olvidaré, aunque a ti, eventualmente, sí.

No me gusta como se siente. Me incomoda la sensación de tristeza en cada acción que realizo. Me pesan las manos, los párpados, las ganas. Permito que las ideas catastróficas se apoderen de mí como los días del pasado. Mi amor propio está herido por ti y aunque no reprocho nada, he decidido dejarte. Con tu gente, tus sueños, las lineas de deseo que juegas a encontrar y perder en cada paso que das.

Te dejo con la imposibilidad, con tus temores, con las inquietudes que siempre están puestas en la puerta. Te dejo porque casi eres víctima de mis idealizaciones. Te dejo porque juegas y no sabes a qué. Te dejo porque todo siempre es un ciclo. Te dejo porque ya aprendimos, te dejo porque no sabemos lidiar con esto. Te dejo porque aunque se quede el hueco, al final del día y de la vida, somos valientes.

Estoy cansada. De buscar, de que me encuentren, de querer algo y que siempre aparezca el caos. Te he querido tanto a ti éstas semanas que no me permitiré cruzar la linea que establecí sobre soportar el sufrimiento. Bastante han hecho por mi éstos días dónde tu no eres tú y yo dejé de ser la que conociste por complacer tu etapa de desapego.

Caí en querer tener las cosas seguras y olvidé que lo mejor se da de manera natural. Lamento que hayas tenido que presenciar esa parte tan mía.. siempre influyen las personas determinadas cómo tú, que generalmente inundan mi vida.

Se van, la inundan, se marchan largos periodos, regresan, se vuelven a ir, la inundan con mas fuerza.. pero siempre de otra forma.

15 11 16

Amorosos

Hace 5 meses y ésto:
Algo corto, como lo nuestro.

Verle a distancia cada noche, mirándome con todas y ningún tipo de intención (ambos conocíamos la mecánica).

Las pláticas que generábamos en la mente, y cuando sí existieron frente a los demás.

Estar enamorada de sus ideales y la forma en que tiende a aferrarse a sus convicciones (tanto que a veces me enfermaba).

La sensación embriagante al recordar su atuendo tipo militar.

Esa forma en que cubría su rostro para dejar sólo al descubierto sus ojos, y que me miraran de entre los otros.

Que yo no pudiera con esa escena tan perfecta (revivirla era mi constante).

Su inigualable tono de voz cuando me saludaba, invitándome siempre a acceder. 

El día que me fuí.

El día que regresó.

El día que decidimos que sí.

Sus ganas, mis idealizaciones.

Cuando fuimos a tomar café.

El color del chaleco que traía.

Su apariencia implacable.

La obsesión que construyó por conocerme.

Sus preguntas guiadas para que yo fuera lo que él esperaba.

Mi manera de acceder.

Sus labios al hablar.

Mi manía por conseguirlo.

La posibilidad que él me abría. 

El día en su casa.

Cuando de entre todo lo que podíamos hablar decidió expresarme que lo ponía nervioso.

Sus acciones buscando complacerme, porque sí, ya era yo. Al menos ese día, al menos las últimas semanas.

El color de su auto.

La historia de su perro.

Esa tierna justificación que me dio cuando llegamos a la cocina.

El interés en mi carrera y las cosas triviales que le pudieran dar más datos de mí.

Nunca pareció rendirse al buscar(me).

La impresión que me dio su recámara, el olor de su casa.

Lo enorme que era, nosotros sólos.

Su amabilidad innata, las escenas que hacia para potenciarla.

Sentirme segura, sentirlo cerca.

Un vacío que quería llenarse.

El momento en que rompió el silencio y yo sabia que debía estar ahí.

Las cosas de las que charlamos, su manera de invitarme a jugar como él.

Mi respuesta evasiva e intencionada.

Se hacia tarde, yo fijaba el recuerdo de sus manos.

La plática cuando me llevó a casa. “No me gustaría que alguien como tú sufriera”, o así lo entendí.

La pasión que no lográbamos manejar.

La pasión que logramos manejar.

Cuando se fué.

Cuando volvió, pero no.

Se intentó.

Había algo, se sentía demasiado frío, demasiado caliente.

No pudimos con eso, siempre hubo otras cosas.

Prometimos que en otra vida.
Demasiado efímero para tomar en cuenta, igual gracias. 

Primordial

Amorosos, Ella, Salvar

Aunque en mi lista de “Cosas urgentes por hacer” el olvidarte fue la primordial, nunca la consideré mi favorita. Y eso porque algún día demasiado feliz en mi existencia, tú estabas cerca y yo te prometí con todo el amor del mundo que la parte de ti que me regalaste nunca se iría, y yo la cuidaría con devoción aún en los días más culeros que tuviéramos.

Aunque ya no hay de esos días, y mucho menos de los buenos, la parte de mi corazón que te amó un chingo te saluda de lejos y está satisfecha. Es que entre todas esas notas que guardo para momentos de intolerancia, encontré algo que me recordó sobre los círculos viciosos y la importancia de sacar lo que estorba en el alma. Mi voluntad ya no esta a merced de los impulsos idiotas y por ende cuando te busco ya no estás. Bueno, eso fue culpa de la relatividad de las cosas y que estabas primero en la lista.

Diariamente.

Amorosos, Salvar

La había escogido entre miles que no conocía. La había visto en sus sueños, y sus idealizaciones, y de repente ya estaba sólida frente a él.

Tenía los labios que siempre dibujaba entre las líneas de sus apuntes, y los lunares sólo tenían un margen de error de un centímetro. El cuerpo era de una niña a la que le faltaban unas manos que ayudaran a moldearla, y él pensó que era responsable de esa tarea.

Después, aprendió las cosas que suelen aprenderse cuando uno pasa demasiado tiempo con otros. Por ejemplo; al recostarse, ella sabía el lado que le tocaba de la cama, sabía como acomodar la cobija para estar cómoda, y sabía como doblarla para taparlo a él también. Sabía la manera de acomodar la cabeza en su pecho, y me parece que guardó en su memoria dos ocasiones en las que escuchó un susurro de sus labios diciendo que la prefería en los días tranquilos.

Aprendió a distinguir las películas en las que él ponía su atención, y en las que ella podría insinuarse más sobre su vientre. Diferenció las que debía ver para poder alardear sobre conocer sus gustos, y las que ella escogía porque ya tenía suficiente de él.

Sabía que despertarlo se había vuelvo un reto las últimas semanas, pero igual no perdía el toque de los besos que le hacían abrir los ojos. Y regresar al lugar junto a él que casi pierde la tibieza, y perder horas destinadas a otras cosas.

Ella sabía como moverse entre las sabanas para despertarlo lo suficiente y lograr que estirara los brazos y buscara su cuerpo, apretara un poco y dejara descansar la muñeca sobre la curva de su cintura.

Ella sabía la geografía perfecta de su recámara, él se la había dibujado en la palma de la mano y esperaba que no la olvidará en el primer disgusto. No lo hizo, de hecho, ella había dibujado su propio mapa cuando él la dejaba sola, confiando en ella, recostada.

Los dos habían aprendido que juntos podían guardar secretos, esos que se forman cuando uno de los dos hace algo que no era aprobado para los grandes, o los pequeños. Y que se disfrutaban más que aparentar una constante felicidad.

Significados

Amorosos

Los cabellos en sus rostros, era una de sus mejores demostraciones de amor. Y no lo sabían, pero intuían que podría tener un significado.

Los cabellos regados en el abdomen era una forma de decir “Sabes que podría estar haciendo cualquier cosa, pero siempre es pensando en ti.. intenta no perder de vista el panorama”.

Los cabellos entre los huecos de los dedos era una forma de decir “Te querré por mucho tiempo, pero no para siempre, graba la sensación en uno de los cuartos de tu corazón”

Los cabellos en la almohada era una forma de decir “Me agrada cuando en ésta oscuridad, para donde me mueva, va a estar la tibieza de tu pecho”.

Los cabellos en la cara era una forma de decir “Me encanta cuando gesticulas queriendo jugar. Si no te mueves lo suficiente podría besarte a escondidas”.

Los cabellos entre labios era una forma de decir “Que los besos sean eternos aunque nosotros nos dejemos cada fin de semana”.

Los cabellos amarrados era una forma de decir “Espero que cuando los suelte, te acerques y me busques más que siempre. O solo intentes peinarme, sabes que secretamente lo adoro”.

Los cabellos en la ropa era una forma de decir “Todo fue perfecto y mañana podré alardear sobre esto. Nadie puede interrumpirnos y debería agradecerlo”.

Los cabellos en el cuello era una forma de decir “Me dejas estar tan cerca, y aunque mi corazón te quiere cuidar siempre, espero que la intención dure una semana más”.

Los cabellos despeinados en cualquier expresión, cuando frente al espejo uno se intenta poner decente, era una forma de decir “He sido tan feliz previamente y aunque mi alma no puede con eso, me apurare a regresar para que comience a acariciar mis cabellos”.

Vanidad

Amorosos

“Qué vanidad imaginar
que puedo darte todo, el amor y la dicha, itinerarios, música, juguetes.
Es cierto que es así: todo lo mío te lo doy, es cierto, pero todo lo mío no te basta como a mí no me basta que me des todo lo tuyo”.

Bolero, Julio Cortázar.

Espero que llegue alguien y termine con mi arrogancia de creer que nadie te dará más corazón que yo.

De creer que nadie te mirará con más curiosidad que yo cuando te molestas. Y se tensa tu cuerpo y los gestos pesan. Y aún así salga ilesa porque me quieres.

Que nadie buscará tu rostro entre miles de gentes, como yo. Ni tu aroma, o frecuente tus pasos por los lugares favoritos.

Que nadie, jamás, escribirá poemas sobre tus manos y tu rostro, como yo. Y luego te los dé, y crea que están a salvo.

Que nadie se emocionará al escuchar tu nombre en los labios que sea, porque de  todas formas es mio. Y te gusta que sea así.

Que nadie admirara tu forma de enfrentarte al mundo y de las decisiones bonitas que tomabas, como yo.

Que no te sentirás tan apegado a alguien como a mi, porque era nuestro juego secreto.

Que nadie soportará tu indiferencia de mierda, y las pocas ganas de seguir, como yo. Eran mutuas.

Que nadie quedará tan encantada al ver esa sonrisa tuya cuando haces las cosas que te apasionan. Si, cuando estábamos cerca cuenta.

Que nadie sentirá la euforia por ti cuando de repente tus labios se curveaban y era divertido guardar ese gesto en la memoria.

Que llegue alguien y termine con mi soberbia de creer que los viajes mientras la música sonaba y no había necesidad hablar eran tus momentos favoritos. No tenías que fingir ser agradable, sabías que te igual te quería.
Aunque fuera un poquitito menos.

(Yo sé que nadie recordará la ropa que utilizas cuando amas, del lugar que tanto cuidas, de los días. Eso es demasiado para alguien más).

Que no reconocerán el sabor de tu saliva, a felicidad o saciedad, o apego.
No reconocerán cuando aprietas la piel y tienes esas ganas de estar dentro, cuando es juego, cuando estás inquieto. O quizás si.

Que ojalá tengan la fascinación que yo al mirar tu labio inferior y la forma de tus dientes cuando lo muerden.

Que rompan con mi creencia estúpida de alardear que nadie te va a querer como lo hice. Ahogándome en mis propios mares y navegando a ti. Prendiéndome fuego para mantenernos tibios. Rascando mis heridas para que no ardan las tuyas.

Y que si llega de verdad, no lea éstas líneas, porque será el mejor acto de vanidad por y para ti.

Después de esto, la atmósfera cambió, y nosotros con ella.

” .. y de pie ante el espejo interrogándose 
cada uno a sí mismo 
ya no mirándose entre ellos 
ya no desnudos para el otro 
ya no te amo, 
mi amor..”