Máscara

Salvar

“Tal vez no encuentres todas las respuestas, pero si muchas preguntas, creo que el objetivo es empezar a cuestionarte

¡Feliz cumpleaños! ¡Te quiero!”.

También sobre Mafalda, su poesía, las brujas, los cuentos, sus libros, mi arte, Buika y Kundera. Sobre la niña de la boca chiquita y la sonrisa grandota

te extraño.

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Promesa

Valentía

“Si te vas una vez más,

si te marchas airoso,

si partes del puerto en el barco de “no volver jamás” ;

no mires atrás,

nunca regreses.

Haz el favor de cumplir tus promesas, porque mi última para contigo y con todos; para cualquiera que pretenda hacerme dudar, sofocar mis pulmones o endurecer la carne de mi tacto; es que voy a ser feliz, voy a ser endemoniadamente feliz, contigo o sin ti.

Mi última promesa es que volveré a amar con toda mi fuerza a quien se deje, y besaré otra vez, y haré el amor desinhibidamente con un hombre al que adoraré sobre Dios y todas las cosas, y él me amará con sinceridad y delicadeza, y seré feliz aunque te hayas ido.

Prometo que éste cerro estéril reverdecerá bajo otras lluvias, hidratando sus tierras con aterradoras tormentas.

Si hoy te vas, mi última promesa será que voy a estar muy bien, que voy a salir, me voy a recuperar de inmediato, me voy a volver a enamorar porque así lo decido, porque no me viene bien sentirme mal y rodar lágrimas y suplicar tu presencia, porque estoy cansada para jugar al drama, porque soy muy buena para no compartir mi cama, simplemente porque me da la chingada gana ser feliz.

Si te vas, si te sobrevivo, no habrá nada que me haga daño.

Si te vas, te prometo que voy a estar de maravilla.

Si te vas, no vuelvo a faltar a mis promesas”.

Poema de Jose De la Serna.

(Con algunas adaptaciones pero toda la intención).

Octubre.

Salvar, Vida

Tengo un vago recuerdo, lo escuché de una plática casi instantánea, de esas que se mencionan una vez cada década. Pocos sabian el dato, dijeron que ella dudaba de su fecha de nacimiento. Que en el pueblo no llevaron bien el registro, o sus padres no se habían percatado, pero que después de todo, al parecer había nacido un 2 de octubre. Ella estaba conforme con la fecha y la familia le celebraba como si nada. Aún recuerdo la última celebración de cumpleaños y el estado anímico de todos, en especial de ella.

Apenas vimos las fotos: nos dábamos amor a las 6 de la mañana, con los uniformes puestos y una serenata sonando.

Yo enfocando la atención de la cámara al enorme arreglo de flores.

Al pastel.

A ella y su abrigo rojo, con la cobija que no dejaba.

Hoy hubiera sido uno de esos días. Ha llovido a cántaros en diferentes partes de la ciudad, y estamos todos resguardados en casa. Indudablemente con su recuerdo en el corazón.

Donde quiera que estés,

aunque estoy segura que cerquita;

Feliz cumpleaños abuelita.

Ritmo en la sangre.

Salvar

Cuando estábamos juntos, me exigía que fuera yo misma y dejara mis tantas máscaras de lado. Yo fingía que no sabia a qué se refería, aunque en el fondo, estaba consiente de ello.

Decía que me conocía de alguna otra vida, o que quizá de algún sueño repetido, pero que su instinto no le fallaba y apuntaba directo a mi. Yo estaba segura de que lo había visto en algún otro lado, pero que mis máscaras podían más que ambos.

También decía que todas las personas que había adorado bajo su premisa de saber que no se equivocaba al elegir, hacían que no me dejara escapar de su continúa observación. Me decía que por algo soportaba mi dramatismo, y que yo le gustaba un chingo. Que por algo me prefería un poquito más que sobre los demás. Que por algo nunca me contó completo ese día que soñó conmigo, con globos y una feria. Que nunca lo valoraria, y tal vez tenía razón.

Al final, las mismas cosas por las que me seguía, hicieron que se desesperara y decidiera eliminarme de tajo de su vida, bajo la justificación de que no sabia que hacer con tanto. Tanto por querer conocerme y que yo no le diera la accesibilidad. Tanto de no mostrarle mi vulnerabilidad y ocultar mis intenciones. Tantito más por su egoísmo y la forma en la que sabía identificarle, y retarlo.

Claro que la falta de su presencia en mi vida me provocó una anemia fatal como de tres días.

Una parte de mí quería abrirle las puertas y mostrarle todas mis fases, los mecanismos de defensa que había desarrollado y las personas que habían contribuido. Pero no podía. No me salía. No era algo que decidiera conscientemente. Era algo que con el tiempo se descubría. Algo que se trabajaba. Pero su insistencia siempre nos hacia regresar al mismo punto de resistencia.

Luego notó muchas cosas, al parecer las suficientes para hacerlo regresar y que se quedase, pero en otra forma. Igual yo era feliz, y seguíamos con los juegos perversos. Aunque cuidabamos mejor nuestros pasos.

Llamare ‘resaca’ al sentimiento después de nuestras pláticas, nos agobiaba porque eran todas las cartas sobre la mesa, y también intentar no caer en la psicología del otro, que provocaba percatarse de lo que se decía de más.

Me contaba de sus aventuras y su forma de ver la vida, yo pienso que era como una táctica para prepararme y predisponerme a entrar en su terreno, para acabar bajo la misma suerte que otros, para no dejarnos escapar aunque sea durante un día.

Una vez le dije que tenía mi corazón, y pareció molestarle. Después descubrí que usaba el término “vulgar” por ofrecerle sólo eso, y que más bien se enfocaba en mi alma. A veces me parecía ficción y otras veces le creía. En dos ocasiones me lo confirmó.

Mi afán por su exclusividad, y su manía de querer conseguirlo todo de mi, nos consumió algunos días. También mis caprichos y sus conocidos reproches por ‘gustarle un chingo’. Luego esa noche en el bar y la paz que le provocó nuestra charla.

Bueno, los días que vinieron, cuando todo se rebajó a ser los mismos, pero con una reducida intensidad.

Conciencia.

Salvar, Valentía

He decidido sentir el miedo.

Cómo me camina por los poros, como me recorre entre los vellos, como me palpita en las sienes y como crea ilusiones en mi mente vulnerable.

He decidido sentir el miedo, abrazarlo y decirle que aunque me ayuda a tomar desiciones, no siempre es mi mejor aliado, y que por el momento no le requiero de forma tan constante.

He decidido también, sentarme cerquita y decirle que aunque no me guste lo que me provoca, vamos a estar juntos en muchas ocasiones y que sea condescendiente conmigo, que evite ser letal. Le mencioné que agradecería que no me provocara llorar tanto, ni me haga olvidarme de respirar.

He decidido aceptarlo e invitarlo a pasar, porque sé perfectamente que lo que resiste persiste, y mis miedos son la forma más eficaz de llegar al infierno.

He decidido que el miedo, mi miedo, es una Marianita vulnerable que reacciona a estímulos viejos. Que mi miedo tiene algunos rostros y eventos pasados. Que es mi inconsciente haciendo acto de presencia y solicitando el protagonismo.
He decidido, o más bien pensado, en hacerle un lugar especial a mis miedos. Una especie de cajita transparente que pueda observar de lejos. Abrirla de vez en cuando, pero no por mucho tiempo. Porque sé que el miedo tiene un apego conmigo y le gustan las visitas significativas. Como las noches largas donde el mar y lo salado emergen con victoria.

He decidido que el miedo es el ingrediente principal de la acción y que me revive en segundos. De cuando todo el sistema entra en una entropía perfecta.

En fin, al parecer mi miedo tiene muchas presentaciones, pero ninguna soy yo.

Inicios

Amorosos

Cosas que prometo guardar y no olvidar próximamente: La sensación embriagante de su respiración entre el espacio de nuestros besos. Inhalar su calor con el aroma familiar de quien quiere. Sentir un fueguito en el inicio de la garganta y tener la seguridad de que no se acabaría. Esa peculiaridad de que nunca son los mismos movimientos. Su cuerpo caliente, la temperatura rebasándonos. El ambiente frío y afuera los centellos.

El cielo celebraba por nosotros. Iluminaba detrás de las nubes esperando nuestros halagos. Y quizá el temor. Y hacer recordar sueños increíbles.. como que es una especie de fin del mundo, con la excepción del mundo que él y yo construimos, porque allí es más bien un inicio.

El cielo sabe que ahora lo siento, que me hervía la sangre y que por fin lo acepté.

El cielo sabio que sabe de los fuegos de uno.

Sabe de ésta sensación que me rebasa y por supuesto ya predijo lo mucho que me va a enseñar.

Gracias.

Días

Ella, Valentía

“La sinceridad siempre nos llevará a odiarnos un poco”, por ahí lo leí, y hubo periodos de tiempo donde también lo sentí. Ese peligro de envolver a los otros en la verdad, cuando a veces ellos no lo piden, y no lo soportan.

Esa adicción por descomponer, destruir y armar minuciosamente cada grieta que se encuentra. El afán de encontrar y siempre querer responder a las preguntas triviales. Una sed de conseguir mediante las palabras. Las máscaras y los juegos. Obtener una tibieza que rememore los buenos ratos.

Ser demasiado sincero hace manifiesto a gestos de intranquilidad, de inquietud y duda. También le acompaña un cambio de color a la piel del receptor y un giro sobre el concepto de uno. Ser así es letal para la gente que no está habituada al ataque directo y en seco.

Las dosis de éste acto casi sin escrúpulos llamado: verdad, uno las va decidiendo. Si se es débil, deja que otros las agenden. En fin, quienes manejamos el concepto de forma usual, disfrutamos de las reacciones y las personas viéndolos a través de ese filtro.

 

Entropia.

Ella, Valentía, Vida

El dolor nos mueve o nos estanca. Parece que es dependiendo la fuerza interna que tenga uno, me imagino.

El dolor te puede hacer reconocer las debilidades y trabajar en ellas, o te tumba en la cama por semanas envuelta en un estado anímico fatal.

El dolor hace que respires más fuerte, que enfrentes al mundo y sientas lo que es la vida. También hace que bajo la tranquilidad de los días, la convivencia pase inadvertida y a uno se le quiten las ganas de soltar palabra.. “¿para qué?”, pensamos.

El dolor nos hace movernos, sacudirnos, cuestionarnos, darnos cuenta de los problemas, los vicios, los malos hábitos, percatarnos de dónde ésta la falla.

El dolor también puede hacer que nos castiguemos por la forma de nuestras desiciones.

El dolor nos hace consientes de nuestro cuerpo. De que sí, el corazón nos palpita todo el tiempo, de que si, la sangre es tibia y nos recorre siempre, de que sí, tensamos los músculos al recordar. De que podemos llorar indefinidamente. Que el sabor a sal no es tan malo. Que el cuerpo nos puede pesar mil kilos, que las ojeras se potencializan.

Y está bien, reconocer que reaccionamos ante los estímulos que nos provoca el mundo. Ese mundo que lastima y nos reestructura.

Aunque también el dolor nos hace olvidarnos de sentir. Sólo caminamos inerte a lo que pase. Ya no se respira bien, uno se encorva al caminar, la comida sabe a cartón y los vicios en exceso parecen la única salida decente. ¿Debilidad? Tal vez, pero cada uno se revive a su manera, aunque parezca todo lo contrario.

Dolor, dolor, dolor. Que siempre nos cause algo y jamás nos estanquemos. Que suframos por todo un tiempo y luego regresemos al fuego habitual.

Hay que tener cuidado porque el sufrimiento se vuelve un vicio. Parece parte de los dias y luego ya no nos queremos desprender de eso porque se cree que es parte de uno, que nos define, que lo hemos hecho tan repetidamente que intentar otra cosa nos llevaría al fracaso, que seria traicionarnos por abandonar esa manía.

Hay una sensación extraña en mi garganta, estoy segura que es parte del dolor que mueve.

Casi entrañable.

Amargo, Amorosos

Para que ya no queme:

Demasiado ambicioso. Quizá por eso se derrumbó. No se perdió, ni se acabó, no lo agotamos, no lo robaron, no se expuso al descuido o al abandono. Sólo se derrumbó. Como una torre demasiado alta, como una apuesta demasiado pretenciosa.

Tal vez era demasiado grande. No pudimos con eso. Se nos salió de las manitas, nunca lo sabremos. Queda lo que uno infiere y un montonal de tazas de café en el proceso. Esa manera de sobrellevar tanta deducción.

Ojalá en otra vida cumplamos los pendientes. En otro tiempo, con otras ropas, otra mentalidad. O con otras personas. Cuando nos hagamos responsables de lo que provocamos y sentimos. También de los rastros que dejamos.

“Entrañable: adjetivo que refiere a aquél o aquello que resulta muy afectuoso o intimo, que es profundo”. Casi, pero al parecer no.

Ahora: desplantes y desdén a su imagen. Por mi bien.