Junio.

Uno no cree en las experiencias que salen de boca de otros hasta que nos suceden. Vivimos de lo que se nos presenta, y cuentan que siempre se pierden en el tiempo los eventos tachados como imprescindibles.

Todo coincidía y fue correspondido por ambas partes. Gafas, aspecto, la forma de llegar y de irse. Los ojitos que delatan. Juego de labios, de palabras y la espera del regreso. Extrañar lo que sólo se ha visto una vez en la vida. Añorar algo que existió cuatro o cinco minutos. Intentar hacerlo durar más. Sorprenderme emocionada y fijada a un instante. Recordar el color de una prenda. El nombre del trabajo. Su lugar de procedencia. 

Escribo ésto para no olvidar. Quizá su aspecto se esfumó por más aferrada que me descubriera, pero entre éstas lineas dejo un deseo pendiente. 

Mi confianza en la intuición.

Atribuyo tanto a las cosas y lo predestinado para uno, que sólo aguardaré a reconstruir el ambiente que ambos provocamos.

Le esperaré de manera tranquila y sentada, justo como me encontró.

Gracias. Pronto. 

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