Infiernos I

Empece ésta entrada hablando de infiernos muy básicos.. demasiados rutinarios y en los que nos ahogamos casi diario. He decidido añadir unos más, que igualmente tienen la etiqueta de cotidianos, pero que me han hecho recordar lo que es tocar en fondo en milésimas de segundo y luego regresar a la superficie para demostrar no sé qué.. estar bien, le dicen.

El infierno son los apegos disfrazados de buenas intenciones.

El infierno es sentir temblar nuestra vulnerabilidad a la primera demostración de una mueca que se siente mal.

El infierno son las perras dudas que no tienen ni origen ni raíces, pero aparecen por que es la mera costumbre.

El infierno son sus labios calientes, mis manos frías y después los malos entendidos.

El infierno es la locura interna que suele rebasarnos en la mente, pero que mantenemos a margen para no llamar demasiado la atención.

El infierno es no permitirte confiar, pero tener unas ganas infinitas de querer.

El infierno es la inconsistencia y saber cómo nos maneja.

El infierno a veces tiene forma de pasado que nos abraza, nos tira y evita levantarnos.

El infierno son los caprichos que nos desvían del objetivo potencial.

El infierno en forma de expectativas e idealizaciones bien planteadas.

El infierno son los impulsos que no sabemos explicar, pero generalmente nos ruegan ser desbordados.

El infierno es el miedo y las máscaras con las que se presenta.

El infierno es pagar miles de veces por el mismo error y disfrutar amargamente el proceso.

El infierno es pensar que las personas “tienen que..” y nosotros “debemos de..”.

El infierno es el ruido, el movimiento, las vueltas y nada, hueco adentro. Un drama sin sentido.

El infierno es llorar el día de tu cumpleaños y responsabilizarse de la vida.

El infierno son las cartas cortas, el tiempo de espera, la letra inestable.

El infierno puede ser inventar lugares donde la gente que quieres, te ama con la misma intensidad que tú a ellos, y no se van nunca.

El infierno de cuando se posee algo, y uno necesita más y más de eso. Tanto que ya no se respira tranquilo.

El infierno es nuestra fisiología, cuando tensa todos los músculos para aparentar cordura. Los nudillos se ven rojizos y las venas saltan como queriendo decir algo. Hasta se siente débil la estructura del cuerpo y se teme que uno se desplome enterito, como si nada.

El infierno son las huellas que otros dejaron en nosotros, y que aunque ya no acariciamos, siguen tocando a la puerta.

El infierno no son los demás, somos nosotros. Ya conocemos nuestros incendios.. y consentimos su tibieza.

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