15 11 16

Hace 5 meses y ésto:
Algo corto, como lo nuestro.

Verle a distancia cada noche, mirándome con todas y ningún tipo de intención (ambos conocíamos la mecánica).

Las pláticas que generábamos en la mente, y cuando sí existieron frente a los demás.

Estar enamorada de sus ideales y la forma en que tiende a aferrarse a sus convicciones (tanto que a veces me enfermaba).

La sensación embriagante al recordar su atuendo tipo militar.

Esa forma en que cubría su rostro para dejar sólo al descubierto sus ojos, y que me miraran de entre los otros.

Que yo no pudiera con esa escena tan perfecta (revivirla era mi constante).

Su inigualable tono de voz cuando me saludaba, invitándome siempre a acceder. 

El día que me fuí.

El día que regresó.

El día que decidimos que sí.

Sus ganas, mis idealizaciones.

Cuando fuimos a tomar café.

El color del chaleco que traía.

Su apariencia implacable.

La obsesión que construyó por conocerme.

Sus preguntas guiadas para que yo fuera lo que él esperaba.

Mi manera de acceder.

Sus labios al hablar.

Mi manía por conseguirlo.

La posibilidad que él me abría. 

El día en su casa.

Cuando de entre todo lo que podíamos hablar decidió expresarme que lo ponía nervioso.

Sus acciones buscando complacerme, porque sí, ya era yo. Al menos ese día, al menos las últimas semanas.

El color de su auto.

La historia de su perro.

Esa tierna justificación que me dio cuando llegamos a la cocina.

El interés en mi carrera y las cosas triviales que le pudieran dar más datos de mí.

Nunca pareció rendirse al buscar(me).

La impresión que me dio su recámara, el olor de su casa.

Lo enorme que era, nosotros sólos.

Su amabilidad innata, las escenas que hacia para potenciarla.

Sentirme segura, sentirlo cerca.

Un vacío que quería llenarse.

El momento en que rompió el silencio y yo sabia que debía estar ahí.

Las cosas de las que charlamos, su manera de invitarme a jugar como él.

Mi respuesta evasiva e intencionada.

Se hacia tarde, yo fijaba el recuerdo de sus manos.

La plática cuando me llevó a casa. “No me gustaría que alguien como tú sufriera”, o así lo entendí.

La pasión que no lográbamos manejar.

La pasión que logramos manejar.

Cuando se fué.

Cuando volvió, pero no.

Se intentó.

Había algo, se sentía demasiado frío, demasiado caliente.

No pudimos con eso, siempre hubo otras cosas.

Prometimos que en otra vida.
Demasiado efímero para tomar en cuenta, igual gracias. 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s