Lo constante.

Ella, Valentía

Sí, estuve ahí. Al igual que en muchos lados más, todos con los matices especiales que desencadenan después los apegos. Sí, me sentía en una prisión la mayoría de los días de la semana, y los que restaban salía solo para comprobar que uno le agarra cariño a pertenecer a un lugar ficticio. Perseguí cosas ajenas a mis causas más nobles y después me burlé de lo que simbolizaban en otros rostros. Amé y amé tanto que creí poder recuperarme solo en otra vida, con otra piel, con diferentes ganas. Quise conseguir todas las cosas bonitas que prometía la vida en una tarde, porque el cielo tenia colores cálidos y yo me sentía intocable. Besé tantos labios, distinguí entre el sabor de la saliva cuando uno ama o solo cuando se tiene deseo, o hasta la sensación de andar apagado y solo inerte a lo que pasara. Dejé de hacer las cosas que me llenaban solo por perseguir la que otros prometían traerían más victorias. Pero no. Y si, aun sigo aquí.

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