Vacios I

Extinguirse, Valentía

El escenario es este: yo reproduciendo mis viejas pasiones sin encontrar algo que pueda rescatar. Y aunque todo el tiempo me doy cuenta del juego perverso en el que caí, me divierte a veces ser la vencida y seguir y no parar con el caos. Abrumarse por sentir tanto, pero agradecer que existe aún ese soplo de vida, que aunque molesta es esperanza.

En cambio esto de estar seca por dentro y no sentir nada es agotador en todo sentido. Uno ya no bebe con ganas, ni come con apetito, ni desea amar con un chingo de fuerza, solo se sienta a ver el desastre de vidas pasar y esperar contagiarse del movimiento caótico de la ciudad. Deja que la corriente le lleve por donde plazca, y a pesar de eso, no se conforma con pequeñeces. Y cuando uno ya está bien podrido en la maestría de manejarse con simpleza, decide arrastrar a otros (que en el fondo desean la misma mierda) y enseñarles un poquito del arte de observar los detalles para evitar mirar lo esencial. Siempre las cortinas, las máscaras, el ego defendiendo su participación en todo este chiste como un perro hecho rabia.

Si, noto la presencia de añoranzas vacías en mi corazón, es una forma de infierno que solita fui construyendo conforme los días pesaban y yo intentaba mantenerme ligera. Mi ego me duele cabrón, y eso solo es la primera parte para deshacerme de él.

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Lo constante.

Ella, Valentía

Sí, estuve ahí. Al igual que en muchos lados más, todos con los matices especiales que desencadenan después los apegos. Sí, me sentía en una prisión la mayoría de los días de la semana, y los que restaban salía solo para comprobar que uno le agarra cariño a pertenecer a un lugar ficticio. Perseguí cosas ajenas a mis causas más nobles y después me burlé de lo que simbolizaban en otros rostros. Amé y amé tanto que creí poder recuperarme solo en otra vida, con otra piel, con diferentes ganas. Quise conseguir todas las cosas bonitas que prometía la vida en una tarde, porque el cielo tenia colores cálidos y yo me sentía intocable. Besé tantos labios, distinguí entre el sabor de la saliva cuando uno ama o solo cuando se tiene deseo, o hasta la sensación de andar apagado y solo inerte a lo que pasara. Dejé de hacer las cosas que me llenaban solo por perseguir la que otros prometían traerían más victorias. Pero no. Y si, aun sigo aquí.