Diariamente.

La había escogido entre miles que no conocía. La había visto en sus sueños, y sus idealizaciones, y de repente ya estaba sólida frente a él.

Tenía los labios que siempre dibujaba entre las líneas de sus apuntes, y los lunares sólo tenían un margen de error de un centímetro. El cuerpo era de una niña a la que le faltaban unas manos que ayudaran a moldearla, y él pensó que era responsable de esa tarea.

Después, aprendió las cosas que suelen aprenderse cuando uno pasa demasiado tiempo con otros. Por ejemplo; al recostarse, ella sabía el lado que le tocaba de la cama, sabía como acomodar la cobija para estar cómoda, y sabía como doblarla para taparlo a él también. Sabía la manera de acomodar la cabeza en su pecho, y me parece que guardó en su memoria dos ocasiones en las que escuchó un susurro de sus labios diciendo que la prefería en los días tranquilos.

Aprendió a distinguir las películas en las que él ponía su atención, y en las que ella podría insinuarse más sobre su vientre. Diferenció las que debía ver para poder alardear sobre conocer sus gustos, y las que ella escogía porque ya tenía suficiente de él.

Sabía que despertarlo se había vuelvo un reto las últimas semanas, pero igual no perdía el toque de los besos que le hacían abrir los ojos. Y regresar al lugar junto a él que casi pierde la tibieza, y perder horas destinadas a otras cosas.

Ella sabía como moverse entre las sabanas para despertarlo lo suficiente y lograr que estirara los brazos y buscara su cuerpo, apretara un poco y dejara descansar la muñeca sobre la curva de su cintura.

Ella sabía la geografía perfecta de su recámara, él se la había dibujado en la palma de la mano y esperaba que no la olvidará en el primer disgusto. No lo hizo, de hecho, ella había dibujado su propio mapa cuando él la dejaba sola, confiando en ella, recostada.

Los dos habían aprendido que juntos podían guardar secretos, esos que se forman cuando uno de los dos hace algo que no era aprobado para los grandes, o los pequeños. Y que se disfrutaban más que aparentar una constante felicidad.

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