Vanidad

Amorosos

“Qué vanidad imaginar
que puedo darte todo, el amor y la dicha, itinerarios, música, juguetes.
Es cierto que es así: todo lo mío te lo doy, es cierto, pero todo lo mío no te basta como a mí no me basta que me des todo lo tuyo”.

Bolero, Julio Cortázar.

Espero que llegue alguien y termine con mi arrogancia de creer que nadie te dará más corazón que yo.

De creer que nadie te mirará con más curiosidad que yo cuando te molestas. Y se tensa tu cuerpo y los gestos pesan. Y aún así salga ilesa porque me quieres.

Que nadie buscará tu rostro entre miles de gentes, como yo. Ni tu aroma, o frecuente tus pasos por los lugares favoritos.

Que nadie, jamás, escribirá poemas sobre tus manos y tu rostro, como yo. Y luego te los dé, y crea que están a salvo.

Que nadie se emocionará al escuchar tu nombre en los labios que sea, porque de  todas formas es mio. Y te gusta que sea así.

Que nadie admirara tu forma de enfrentarte al mundo y de las decisiones bonitas que tomabas, como yo.

Que no te sentirás tan apegado a alguien como a mi, porque era nuestro juego secreto.

Que nadie soportará tu indiferencia de mierda, y las pocas ganas de seguir, como yo. Eran mutuas.

Que nadie quedará tan encantada al ver esa sonrisa tuya cuando haces las cosas que te apasionan. Si, cuando estábamos cerca cuenta.

Que nadie sentirá la euforia por ti cuando de repente tus labios se curveaban y era divertido guardar ese gesto en la memoria.

Que llegue alguien y termine con mi soberbia de creer que los viajes mientras la música sonaba y no había necesidad hablar eran tus momentos favoritos. No tenías que fingir ser agradable, sabías que te igual te quería.
Aunque fuera un poquitito menos.

(Yo sé que nadie recordará la ropa que utilizas cuando amas, del lugar que tanto cuidas, de los días. Eso es demasiado para alguien más).

Que no reconocerán el sabor de tu saliva, a felicidad o saciedad, o apego.
No reconocerán cuando aprietas la piel y tienes esas ganas de estar dentro, cuando es juego, cuando estás inquieto. O quizás si.

Que ojalá tengan la fascinación que yo al mirar tu labio inferior y la forma de tus dientes cuando lo muerden.

Que rompan con mi creencia estúpida de alardear que nadie te va a querer como lo hice. Ahogándome en mis propios mares y navegando a ti. Prendiéndome fuego para mantenernos tibios. Rascando mis heridas para que no ardan las tuyas.

Y que si llega de verdad, no lea éstas líneas, porque será el mejor acto de vanidad por y para ti.

Después de esto, la atmósfera cambió, y nosotros con ella.

” .. y de pie ante el espejo interrogándose 
cada uno a sí mismo 
ya no mirándose entre ellos 
ya no desnudos para el otro 
ya no te amo, 
mi amor..”

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