Empezar bien, escribiendo.

Ella, Vida

Siempre me ha gustado esa idea de escribir. Desde cuentos que terminaban en la segunda línea, o cartas que terminaban en la tercer hoja. De por qué uno llora, y de las flores que nacen del pecho cuando se quiere.

Tengo la creencia de que escribir, de que redactar cartas, salva corazones. Al menos algunas cartas salvaron el mío. Y nunca comprendí esto como ahora.

Escribí declaraciones de amor. De cuando uno está tan enamorado que puede saltar primero al precipicio y asegurarle al otro que todo está bien abajo.

Escribí sobre el temblor de las manos, de la ausencia de voz cuando uno se siente traicionado y sabe que todo está jodidamente perdido.

Escribí de la emoción cuando se cruzan las miradas y por primera vez se opta por sonreír y no voltear el rostro, como clásica señal de huida.

También escribía sobre todo el odio que se puede guardar en el estómago, y que a veces, si lo ocasionaba la persona indicada se transformaba en mariposas.

Algún tiempo también escribí sobre la sensación embriagante del primer amor,  que te hace bailar estúpidamente y luego enredar los pies, con toda la intención de caer.

Escribí mientras sentía un nudo en la garganta, que casi afecta mi muñeca y paraliza las mejores intenciones. Que arruinaba mi caligrafía perfecta y alteraba el orden de las palabras.

Escribí sobre como los celos tenzaban mis sentidos y me hacían rabiar cada tercer día. Sobre cómo esas hormiguitas me caminaban frenéticamente, incitando el desastre emocional.

Escribí sobre las lágrimas tibias, ésas que contrastan con la temperatura de la piel, y se pueden sentir hasta que terminan evaporándose, o si se tiene suerte, acaban en la sudadera de alguien. Utilizaba metáforas y hablaba de ellas asemejando el mar, y lo salado de la situación.

Escribí sobre la sensación de la mano izquierda apretando mi hombro derecho. El juego de tocar y no tocar, de rozar o rascar tantito mi alma; y jugar a escribir con la yema de los dedos promesas en la espalda. Promesas que nunca se  descifraron, y que agradezco, porque dejé un pedazo de vida ahí.

Escribí sobre las veces que la brisa entraba por la ventana y rozaba los rostros que estaban en contacto, con el calor corporal de los que se aman. Sus manos en mis costillas y la respiración caliente en su antebrazo, como desafiando el ambiente fresco de la brisa que siempre visitaba. 

Escribí mil veces sobre facciones, lunares, cejas, labios.. sobre cómo se formaban deformaciones en la frente cuando algo intrigaba.
Cuando se curvean los labios así, y luego así, y siempre así. De los dientes y el porqué nunca entendí esa sonrisa que se emite cuando algo grande va a suceder.

Escribí sobre la lagunilla que nace de los ojos, y el juramento implacable para no dejar que se derrame ese liquido que representa un corazón algo roto y algo triste.

Escribí sobre felicidad. Pero no merece una introducción tan general, y por eso le daré espacio después.

Escribí sobre días, conté horas, jugué con la piel, escuché huesos rompiéndose por amar, vi la decepción en forma de mirada, sentí el perdón en mis suspiros de alivio, rescate distancias y rendí, cedí, sentí.

Escribí muchas más cosas que iré destrozando en cada nueva entrada. Evito hablar de personas, me refiero a sensaciones. Hay recuerdos empuñados en algunas líneas, pero nada que pueda molestar al lector. A veces son reales, otras ocasiones los manipulo, pero casi siempre los escribiré como debieron haber sido.. y fueron.

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